Dos rocas

Hay dos grandes rocas en el Mar del Norte,
negras, terribles y afiladas.
allí grabaron las olas un poema
que escribí anoche, mientras no dormía.
Fue escrito en el agua de tus ojos con palabras invisibles
susurradas por el revoltijo caótico de las tripas del cangrejo,
mientras las pinzas trazaban designios extraños,
como hechizos de cordura,
con el cristal bruto de mis pensamientos.
Mientos, miento, ¿miento?
Pienso…
en versos invisibles, más opacos que transparentes.
Aparentes y apareces:
La música de una lluvia de números ordenados
hace charcos con arcanos y puertas celestiales.
No pienses que no te escucho,
que no sigo la línea dorada que trazan tus argumentos
en algún rincón perdido del Cosmos,
es sólo que, mientras,
yo sólo pienso en follarte.
Arte…
Algunos creen que las inscripciones de las piedras
duran más que los versos del mar.
Yo sólo sé que hay dos rocas frías,
negras y afiladas.
Y que las olas llevan una carga extraña
de tripas de cangrejo bajo la espuma.

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